Hoy nos ha llegado una noticia más que chocante a la redacción, por decirlo suavemente. El Festival Iberoamericano de la Comunicación Publicitaria, El Sol, ha decidido premiar en 2016 a Volkswagen como anunciante del año «gracias a la excelente trayectoria creativa que ha desarrollado en estrecha colaboración con sus agencias DDB España y Almap BBDO (Brasil).»
Cierto que nada hay que objetar a la calidad creativa de la publicidad de Volkswagen, pero sí, y mucho, a la ética demostrada por la compañía anunciante. Una falta de ética de mercado probada y notoria como descubrió el escándalo del falseamiento de los niveles de emisión en ciertos modelos de la marca.
El escándalo sigue coleando, y Volkswagen, aunque ha «dimitido» a los responsables directos de la pifia, hace lo indecible porque la broma le salga lo más barata posible.
Cierto que las agencias no son responsables de la conducta ilegal de sus clientes, pero el premio al anunciante del año es un reconocimiento que se concede en este caso a una empresa que no ha tenido empacho en emplear las herramientas publicitarias más eficaces para vender unos productos que no cumplían los requisitos de emisiones exigidos por la normativa vigente, al menos en Europa y EEUU.
Volkswagen no merece un premio precisamente por ello. Menos estando el caso tan reciente y todavía vivo en 2016. Esto es algo que asociaciones, festivales, medios de comunicación, en definitiva el sector en general, deberían tener en cuenta a la hora de decidir a quién se conceden los galardones. Porque no sólo de creatividad publicitaria viven las empresas, el marketing, la publicidad y en general los mercados. Si hay algo que hace a las industrias sostenibles es la confianza de los clientes y precisamente es esa confianza lo que Volkswagen ha quebrado.
Imagen sobre el titular.- © El Sol.
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