Es muy probable que los anuncios de contactos desaparezcan de las página de los periódicos no tardando demasiado.
El proyecto de ley elaborado por el Gobierno cuenta ya con el visto bueno del Consejo de Estado para su tramitación. Y obviamente, como no podía ser menos, ha surgido de inmediato la protesta por el lado de una de las partes interesadas, y muy interesada en el tema, canalizadas a través de la AEDE (Asociación de Editores de Diarios Españoles).
Es un espectáculo un tanto escandaloso observar día tras día la publicación de páginas y páginas de este tipo de anuncios, especialmente en los diarios de gran tirada. Unas páginas publicitariamente bastante más caras que las normales, al ser anuncios por palabras, y que suponen una fuente muy saneada de ingresos para algunos de los rotativos. Ingresos más apreciados aún en los malos tiempos que corren para la economía de los periódicos. Ahí está la verdadera madre del cordero.
Los argumentos de oposición a esa norma en ciernes, y sin duda bienvenida para muchos padres con hijos jóvenes y otros ciudadanos, son los mismos que los esgrimidos en otras ocasiones en que la Administración ha tratado de prohibir o restringir algún otro tipo de publicidad.
Que si la prohibición o limitación atenta contra la libertad de expresión o que si se estaría vulnerando el derecho fundamental a publicitar una actividad legal. Se manejaron ya, y yo mismo lo hice, a propósito de la prohibición de la publicidad del alcohol, el tabaco o el juego. En esta ocasión – a mí al menos me suena a nuevo – se utiliza además el razonamiento del agravio comparativo por la discriminación en relación con otros medios -léase televisión -, donde no sólo aparecen insertados anuncios de ofertas de sexo, sino otras imágenes o incluso películas porno, si bien en horarios claramente nocturnos.
Aunque desde la pura lógica los razonamientos de libertad de expresión y de publicidad parecen impecables, sobre todo cuando se trata de actividades perfectamente legales, es necesario recordar que esos derechos no son ilimitados, como demuestran los casos del alcohol, el tabaco o el juego.
Sin embargo los editores de los diarios están en su derecho a protestar y a quejarse de que ni el Gobierno ni el Consejo de Estado se hayan dignado hablar con ellos sobre el tema. Con mayor razón cuando se trata de un Ejecutivo que siempre ha presumido, con razón o sin ella, de su talante proclive al diálogo.
La AEDE lamenta también que el Ejecutivo no haya tomado en consideración ni siquiera la oferta de poner en marcha un sistema de autocontrol por parte de los diarios. A mi no se me ocurre cómo se podría articular el autocontrol en esta materia. Lo veo realmente difícil y complicado por la misma naturaleza del asunto, aunque personalmente soy un enamorado de los sistemas de autocontrol.
Ahí está el Autocontrol de la publicidad que marcha divinamente y lo hace con gran eficacia.
La AEDE hace muy bien en poner de manifiesto ese extremo, aunque no sé si los anuncios de contactos pasarían un examen profundo a la luz del código de Autocontrol vigente y articular uno específico, como ya he dicho, lo veo más que turbio.
Imagen sobre el titular.- Miss Classified. © Eastwind
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