Confinar la libertad de expresión no ayuda a vencer al coronavirus: Reflexiones sobre el último Barómetro del CIS

Ojo al dato del último Barómetro Especial publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS): El 66,7% de los españoles cree que en estos momentos habría que prohibir la difusión de bulos e informaciones engañosas y poco fundamentadas por las redes y los medios de comunicación social, remitiendo toda la informacion sobre la pandemia a fuentes oficiales.

¿ Será cierto que el COVID-19 además de poner en peligro la vida de los seres humanos ha vuelto locos a la mayoría de los españoles?, o ¿es que la formulación de la propia pregunta conduce a un resultado sesgado?.

Suele decirse que quien hace la Ley hace la trampa. En este caso quien ha redactado esta pregunta compleja que pretende poner al mismo nivel problemas y realidades muy diferentes ha propiciado el sesgo en la respuesta.

No se puede mezclar a las churras y a las merinas

El CIS plantea la siguiente pregunta a los encuestados: «¿Cree Ud. que en estos momentos habría que prohibir la difusión de bulos e informaciones engañosas y poco fundamentadas por las redes y los medios de comunicación social, remitiendo toda la información sobre la pandemia a fuentes oficiales, o cree que hay que mantener libertad total para la difusión de noticias e informaciones?»

No se puede meter en el mismo saco, tampoco en la misma pregunta a las «churras y a las «merinas». A profesionales de la información y medios y a los desaprensivos o espontáneos varios que se dedican a difundir bulos en la Red.

La conducta de los profesionales y de los medios ya está sujeta a un examen deontológico y judicial. Por ley están obligados a rectificar las informaciones falsas o incorrectas a petición del afectado. La actuación negligente o dolosa de los profesionales de la información y de los medios genera el derecho a indemnización a favor de  los perjudicados por los daños derivados de las informaciones falsas o imprecisas difundidas por ellos.

El oficio de informador y el negocio de los medios de comunicación se encuentran suficientemente regulados ya. No haría falta prohibición adicional de ningún estilo para obligarlos a comportarse como es debido.
Otro asunto es la conducta de criminales y faunas varias que se amparan en la impunidad que puede proporcionar la Red.

Por oro lado, quien redactó esta pregunta mete de nuevo en el mismo saco dos problemas muy diferentes. Una cosa es la necesidad de perseguir una conducta criminal

en Internet, otra, muy diferente, la «necesidad» de evitar cualquier género de análisis crítico de los datos oficiales, y otra la necesidad de que los datos oficiales sobre el coronavirus no sean tergiversados por los medios.

Los encuestados, en la tesitura de contestar sí o no sin posibilidad de matización alguna a una pregunta que mezcla churras y merinas pero también plantea la posibilidad de prohibir las fake news, lógicamente contestan en su mayoría que sí. Pero ese sí no implica que estén a favor de prohibir la libertad de expresión.

Habría que profundizar separando las cuestiones que es preciso separar para saber realmente cuál es la opinión de los encuestados sobre los diferentes asuntos que plantea todos mezclados la pregunta de marras.

De hecho ya existe una única fuente oficial para los datos de contagiados, muertos y curados, que es Moncloa. Pero todos los ciudadanos y también los medios somos libres de opinar sobre la situación que evidencian los datos oficiales.

Reflexiones a propósito de un dato increíble

la proporción de síes (el 67%) parece cuanto menos curioso, por no decir increíble. Pero a mí me ha dado bastante que pensar tanto desde el punto de vista de la protección de los derechos fundamentales como desde el ámbito de la actuación del Gobierno y por último, pero no menos importante, desde la perspectiva de una periodista que además fue abogada y que nunca ha sido amiga de publicar informaciones cuya veracidad no haya comprobado completamente.

También me ha generado algún desasosiego en un momento éste en el que es relativamente fácil encontrar una estadística capaz de dotar de apariencia objetiva, de

© Eastwind.

proporcionar una base de cara a la galería para planteamientos y actuaciones que en realidad son  egoistas aunque vayan disfrazados de medidas en defensa del bien común.

Cierto que tanto las estadísticas de la Unión Europea, como otros varios estudios muestran que los europeos en general y los españoles en particular están cada vez más preocupados por la proliferación de fake news (noticias falsas), o, lo que es lo mismo, esas falsedades, esa multitud de informaciones no contrastadas que circulan por Internet y especialmente por las redes sociales.

Los españoles han demostrado que no necesitan tutela

Pero también es cierto que estudios varios coinciden en que los españoles han sido perfectamente capaces de defenderse solitos, sin ningún tipo de intervención por parte de «papá Estado» frente a la riada de bulos sobre el COVID-19.

Las estadísticas de audiencia, hemos hablado de ello en Eastwind Marketing, evidencian que los ciudadanos de nuestro país han preferido informarse en estos días de pandemia acudiendo a las versiones digitales de cabeceras de reconocido prestigio y a fuentes oficiales (lease OMS y Ministerio de Sanidad).

Y quizá es precisamente esto lo que podría generar problemas a algún Gobierno poco amigo de la crítica y con derivas totalitarias en el seno de su Consejo de Ministros.
Porque el incremento de la audiencia de los medios con solera refuerza  a la vez que concentra en pocas manos la capacidad de influir en la opinión pública del llamado «cuarto poder». Un poder librepensante y rebelde, en general incómodo para todos los gobiernos, pero del cual recelan especialmente aquellos que querrían hacer de España su Reino de Taifas o «Venezuela» particular.

Sobre todo, cuando estos medios con solera están sometiendo a examen la eficacia de la actuación del Ejecutivo frente a una pandemia que ha causado ya en España índices de mortalidad récord entre los Estados europeos. No olvidemos que nuestro país se sitúa desgraciadamente a la cabeza en muertos aplicando el ratio víctimas/población.

Desde luego el «liderazgo» en trabajadores sanitarios contagiados y muertos por coronavirus no hay quien nos lo quite de momento. Triste primer puesto para el Gobierno de un país avanzado como se supone que es el nuestro.

Un Barómetro digno de Stalin

En pleno ataque del virus, con la gran mayoría de los ciudadanos confinados y temiendo contagiarse. Con miles de españoles de luto por algún ser querido fallecido «con» o «por» el coronavirus, el señor Tezanos se ha descolgado con un Barómetro especial del CIS que le hubiera sentado como un guante al mismísimo Stalin.

Cuando se habla de limitar la libertad e expresión me vienen a la mente aquellos tiempos en los que el régimen comunista soviético vendía que en el paraíso socialista no había crimenes ni se perpetraban otros delitos. Y el régimen sovietico lo aseguraba con las estadísticas oficiales de criminalidad en la mano. Unas estadísticas que los medios y la agencia de noticias oficial se ocupaban de propagar a los cuatro vientos haciendo ver que la sociedad capitalista perecería ahogada en su propia molicie criminal. Para los pocos «enfermos contagiados por el virus del capitalismo» que osaban poner en cuestión el «mantra oficial» la medicina era el gulag siberiano.

Cierto que la preocupación de los españoles por las fake news va en aumento, pero de eso a que los datos del último Barómetro del CIS proporcionen al Gobierno una base sólida para «vender» la idea de que los ciudadanos de nuestro país prefieren volver a los tiempos de la «censura» o de la «inquisición» va mucho trecho.
Y todavía más distancia debería haber entre los últimos datos del CIS y la adopción de cualquier medida restrictiva de la libertad de expresión por parte del Gobierno de Sánchez.

En Europa se estudia la mejor manera de luchar contra las fake news, pero la UE avanza en este campo con pies de plomo, consciente de que cualquier legislación al respecto restringirá una libertad básica de los seres humanos, que además es uno de los pilares de cualquier Estado democrático y de la propia Union Europea.

Una libertad frágil para cuya defensa han dado la vida y han padecido cárcel a lo largo de varios cientos de años muchos más ciudadanos que los que podría matar o confinar nunca el COVID-19.

No sólo de pan vive el hombre

La pandemia pasará, aunque tan sólo sea por la selección natural dentro de nuestra especie, pero muchas de las medidas de urgencia para combatir al COVID-19 podrían generar efectos secundarios no sólo devastadores sino también duraderos una vez vencido el virus.

© Eastwind.

FMI, OCDE, UE y otros analistas advierten sobre la necesidad de adoptar las políticas de apoyo (liquidez) y estímulo adecuadas para no destruir el tejido empresarial (en su mayoría Pymes y autónomos) y con ello evitar la destrucción del empleo durante y después de la pandemia. Centrados en que peligra «el pan nuestro de cada día» a menudo se olvida la importancia de mimar las libertades fundamentales que nos ha costado sangre conquistar. La ONU y la OMS advierten de la importancia de preservarlas con el mismo o mayor ahínco que la economía.

Encuentro lógico que un Gobierno que se ha negado a prohibir la celebración de manifestaciones y otros saraos multitudinarios varios en el día internacional de la mujer por razones ideológicas muy lejanas a las recomendaciones de cualquier experto en pandemias se pudiera plantear ahora amordazar a la oposición política y a los medios.

Amordazar a medios y oposición dejaría las manos libres al Gobierno para actuar a su antojo al tiempo que ayudaría a minimizar cualquier posible coste político derivado de sus posibles errores.

Las fake news están de moda  «de moda» y la tentación de acallar críticas incómodas es grande. Más cuando uno se ve obligado a «bailar» con la crisis más fea de los últimos siglos.

Pero, servirse de una estadística a todas luces sesgada o como mínimo confusa para poner en manos del Estado el poder de decidir qué información es fake y cuál no, para convertir al Gobierno en el «Petronio» de la ética periodística, para otorgarle a la Administración capacidad sancionatoria, incluso de cierre de páginas web, en aras de una supuesta defensa del derecho a la información de los usuarios de Internet, ni sería disculpable ni se ajusta al espíritu de nuestra Constitución por mucho COVID que nos asedie.

En el mismo caso de inconstitucionalidad incurriría un Estado que osara convertirse «por decreto» en la única fuente de información de los ciudadanos en relación con la pandemia que sufrimos. Una vez iniciada la senda de la mordaza en aras del bien común, ¿qué vendría después?.

«Back to the basics»

Por otro lado, este asunto no sólo incumbe al Gobierno. También deberían reflexionar los medios sobre la responsabilidad que asumen como «denunciadores» de las miserias y sevicias del mundo público, empresarial, a veces incluso del privado. Políticos, empresarios y ciudadanos tienen derechos por mucho poder que confiera la audiencia. Aunque las miserias y trapos sucios ayuden a «vender periodicos» y con ello espacios publicitarios.

Medios y periodistas deberían tratar con respeto la potencia que manejan. Separando la información claramente del puro entretenimiento y de la publicidad; dejando a un lado comportamientos «todo por la pasta» o por el anunciante. Deberían despojarse de cualquier tipo de soberbia y , sobre todo, deberían contrastar una y otra vez las informaciones que difunden. No siempre es mejor periodista el que publica primero. Tampoco lo es el que fabrica una noticia donde no existe.

© Eastwind.

La velocidad a la que se trabaja hoy ha favorecido la no poco extendida práctica de difundir lo publicado en otras cabeceras, canales de Televisión o Radio, plataformas digitales o redes sociales, sin citar la fuente, sin asegurarse de que los datos aportados son precisos, 100% ciertos, y de que se ofrecen a los ciudadanos de una manera adecuadamente contextuada. Una práctica peligrosa que puede multiplicar el alcance de una fake news hasta la enésima potencia. La necesidad de competir en un mercado de información no sólo saturado, sino motorizado no puede disculpar la falta de respeto por los seguidores y por el propio oficio que demuestran algunos medios y periodistas que obran de este modo.

Si no tratamos nuestro oficio con respeto, si no tratamos con el mimo que merece el derecho a la información de nuestros seguidores, ¿cómo hacerle comprender a nadie que somos guardianes de los mismos cimientos de la democracia?.

La libertad de expresión y de opinión, clave para vencer al COVID

Nadie y en ese nadie incluyo a Gobierno, ciudadanos y medios, debería olvidar que, dejando aparte las medidas sanitarias de prevención y terapéuticas adecuadas, una de las armas más eficaces contra el COVID-19 y frente sus nefastas consecuencias es ese periodismo ético, completamente independiente que permite sospesar los hechos tal y como son, huyendo de cualquier tipo de complacencia. Porque sólo conociendo cual es exactamente el problema se puede dar con la solución realmente eficaz para vencerlo.

Imagen sobre el titular.- ¿Protección o censura?.© Eastwind.

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