La cobertura mediática de un jucicio real, el de la presunta violación de Carlota Prado, concursante de Gran Hermano Revolution 2017 por parte de José María Pérez, otro de los concursantes, dentro de la casa donde transcurría el reality le está costando caro a la edición actual de Gran Hermano dos años después.
Las declaraciones de Carlota y José María ante el juez, junto con algunos vídeos en los que se recogen los hechos y el comportamiento de los organizadores del reality a la hora de manejar el asunto han pasado de los canales propios de los medios que han cubierto informativamente el juicio a las redes sociales, especialmente a Twitter.
Allí, a base de tuits indignados, los seguidores y no seguidores del reality han terminado comentando el juicio como hacen con todo lo que sucede en la casa de Gran Hermano.
Pero en este caso, conscientes quizá de que el juicio no es un montaje, no se han limitado a decir pío en el la jaula global de pajaritos tuiteros. Los indignados se han agrupado bajo el hashtag solidario #CarlotaNoEstasSola28N y han decidido sentenciar a muerte comercial a la Edición 2018 del reality.
El revuelo mediático y tuitero ha logrado que más de 30 marcas retiren su publicidad no sólo del programa en sí, sino de la franja horaria en la que lo emite Telecinco.
Las marcas y empresas, a la fuga, aseguran en general que retiran su publicidad porque cualquier tipo de abuso o violencia y más los que se relacionan con la violencia machista son contrarios a sus valores y los de las empresas que las fabrican.
Bien venida sea la adhesión al «me too» por parte de los anunciantes, pero de hecho el grueso de la estampida se ha producido sobre todo durante los días 25, 26, 27 y 28 de noviembre. Además, uno de los patrocinadores del reality, Fi Networks, subraya en su comunicado que retira su patrocinio precisamente «en un día como hoy, 25 de noviembre, Día Internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer».
Da que pensar sobre la sinceridad de este abandono del barco cuya audiencia se hunde porque los espectadores han «decidido» escandalizarse ahora y no hace dos años por la presunta violación y el comportamiento de la productora.
Y digo «decidido» porque en la era de la auto expresión individualista parece que lo que no sale en la tele o en las redes sociales no existe aunque pueda ser un delito de violación. Hace dos años, la presunta violación pasó sin pena y sin gloria porque no fue objeto de escándalo mediático o tuitero.
Si alguna de las marcas que ahora huyen escandalizadas, o más bien del escándalo, se anunciaba en gran Hermano, patrocinaba el reality o insertaba su publicidad en las franjas horarias en las que se emitía durante el año 2017, mejor hubiera hecho marchándose cuando se produjeron los hechos y no ahora cuando los espectadores lo están sabiendo.
Lo mismo debería aplicarse Zeppelin TV, la productora de Gran Hermano. Las medidas organizativas y la retirada del alcohol de la casa de la que hablaba en el comunicado de ayer debieran haberse tomado en 2017, no dos años después y con los anunciantes en franca fuga.
Mediaset habla en su comunicado oficial publicado ayer de «campaña denigratoria contra ‘Gran Hermano’ sobre hechos ocurridos dos años atrás. También califica la cobertura informativa del juicio de «acciones de desprestigio que están siendo avivadas de manera desleal desde los espacios y programas informativos de Antena 3, LaSexta, Onda Cero y algunos de sus portales verticales, a los que también se suma el diario La Razón, con el que comparte accionista el grupo editor.»
¿Piensa el ladrón que todos son de su condición?. Pudiera ser que los informativos hayan aprendido o más bien mal aprendido algo del éxito de audiencia alcanzado por Gran Hermano. Especialmente en el caso juicios como el de la manada o el da la presunta violación de Carlota. Y en lugar de respetar la intimidad de los interesados se dediquen crear morbo hasta convertirlos en objeto de comentario, de seguimiento minuto a minuto como si de un culebrón se tratara. Si algo les ha contagiado a los medios el Gran Hermano es que casi todo vale para hurtarle la audiencia al de enfrente.
Debería Mediaset pechar, creo yo, con ciertas decisiones «todo por la pasta» tomadas años ha, concretamente en 2011, cuando cerró el espacio informativo CNN+ y en su lugar comenzó a emitir el mucho más rentable reality Gran Hermano.
Ahora que se le encabrita la audiencia, antaño fiel, porque en «la casa de Gran hermano» supuestamente traspasaron el límite de lo legal y humanamente aceptable, no veo que eso sea culpa, al menos sustancialmente, de los medios que compiten con los espacios de Mediaset por la audiencia y por los anunciantes. Simplemente se ha encontrado con la horma de su zapato. Quien a morbo mata a morbo muere.
Es un secreto a voces que Mediaset se gana muy bien la vida actuando en ocasiones al límite de lo permitido. No queda muy lejos la multa impuesta por la CNMV a este emporio de la comunicación, que actúa a la sombra del controvertido Sergio Berlusconi, debido a que emitió la película American Playboy en horario de protección general. Un día sí y otro también la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia investiga, cuando no multa, a Mediaset por infringir las normas sobre duración de cortes publicitarios y otras que regulan las comunicaciones comerciales para que sean honestas veraces y respetuosas de los derechos de los consumidores y competidores.
Telecinco es una cadena especialmente aficionada a servir a la audiencia programas de cotilleo más o menos indiscretos como Sálvame «y sus múltiples colores». En estas condiciones resulta cuando menos cómica la digna y equidistante posición oficial de Mediaset en su comunicado en el sentido de seguir de cerca el proceso por la supuesta violación de Carlota «respetando la intimidad de las personas afectadas».
Sobre el proceso por la supuesta violación de Carlota no se ha visto información alguna en los medios propiedad de Mediaset. ¿Será por respeto?.
Permitanme que lo dude viendo el rechazo que ha generado entre la audiencia y los anunciantes la conducta de Zeppelin obligando a la chica a visualizar el vídeo del momento en que la violaban en lo que llaman «El Confesionario».
Mucho se ha hablado últimamente de proteger y garantizar la seguridad de marca, pero no sé qué seguridad de marca pueden exigir unos anunciantes que eligen los espacios que patrocinan o en en los que insertan su publicidad tan sólo en función de la audiencia sin tener en cuenta cuál es su contenido o cómo de ética es la conducta del medio que los difunde.
Imagen sobre el titular.-
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